El cuento o relato breve, una maquinaria insólita

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Se da con frecuencia la incorrecta identificación de cuento con cuento infantil, y es quizá por este motivo que los cuentistas nos sentimos más cómodos diciendo cuento literariorelato en pos de evitar malentendidos. Lo cierto es que yo prefiero llamarle cuento, pues me parece un sustantivo más rotundo, más corpóreo y con más entidad que relato.

Singularidades subjetivas aparte, hablemos de cuentos o relatos breves, pues hoy querría definir qué es el cuento y voy a arrancar con una consigna muy obvia pero necesaria: no es una novela pequeñita. Cabría indicar, que la estructura del cuento literario y la estructura de la novela son harto diferentes, pero no he venido hoy a poner de manifiesto la consabida distancia narratológica que existe entre las características de uno y otro, pues es sencillo de encontrar por internet multitud de sitios en los que informan debidamente de cuáles son las características fundamentales de cada cual. La naturaleza de situar el foco en el cuento hoy, por tanto, es otra, la del escrutinio riguroso desde un aspecto diferente pero necesario, el de su singularidad y su potencialidad como máquina insólita de hacer historias.

El cuento literario o relato es un género que, muy al contrario de lo que pudiera parecer, no está precisamente hipercodificado, o digamos que su codificación es cuestionable. Su magnificencia reside en que, pese a ser un género definido por unas reglas claras, es quizá el único género capaz de romperlas todas y cada una de ellas de la forma más arbitraria, así como de subvertir todos sus componentes estructurales y llegando a prescindir de elementos fundamentales de la narrativa.

Entonces, ¿qué es el cuento? ¿Cómo se define algo que es capaz de revelarse contra su propia naturaleza invalidando todo lo que lo constituye? El cuento es un artilecto, un artefacto prodigioso capaz de tomar cualquier forma, de definir —o redefinir— in itinere cualquier regla plausible y válida para él que solo tiene perfecto sentido para ese cuento en concreto (lo que no quita que pueda estar presente en otros).

Quizá la característica fundamental del cuento es que se basa en una idea —quizá ni puede considerarse en algunos casos como un conflicto Ad hoc—, y esta idea puede ser inverosímil, espantosa, absurda, etc.; cualquiera de estas u otras atribuciones diferenciadoras, pero sobre todo: original, bien en el fondo, bien en la forma.

Recordemos las palabras de Cortázar: la novela gana por acumulación de puntos y el cuento por K.O técnico. En el cuento no hay espacio para el desarrollo de una bien urdida y enrevesada trama, no tenemos en muchos casos la posibilidad de presentar tramas secundarias, y suele haber un reducido número de personajes  (en muchos casos solo uno) que tampoco verán satisfecho su camino del héroe logrando una gran gesta, ni transformándose conforme se desarrolle el conflicto. Por lo general, esa idea, ese conflicto, es un hecho concreto, algo sobre lo que poner el foco y que acentuar incluso de forma tan exagerada que todo lo demás prácticamente solo necesite ser nombrado de soslayo.

¿Y cómo se consigue crear esta maquinaria singular? ¿Cuáles son las claves para dejar K.O al lector con un cuento? Ahí van algunas posibilidades:

La idea

Una idea insólita, absurda en muchos casos, puede ser el punto de partida para un texto inolvidable: un hombre que se transforma en pez, es el argumento de Axolot de Cortázar. Como idea podría parecer simplemente ridícula, pero el tratamiento del texto así como la intencionalidad metaliteraria del mismo le confieren todo su poder: el texto pone de manifiesto esta realidad en el primer párrafo y, sin embargo, aún nos restan un buen puñado de palabras y páginas hasta concluir su lectura. Una vez uno ha terminado de leer ese texto opresivo, enclaustrador, denota que ha sufrido el mismo proceso de quien lo narra, ha visitado con él el acuario hasta verse allí dentro. Por tanto se trata de producir un efecto en el lector. Es este un capítulo amplio que espero expandir en artículos futuros.

El título

Un título eficaz bien imbricado con el texto nos puede potenciar su profundidad o significado, nos puede ayudar al giro de tuerca de ese final sorpresa que se nos muestra algo difuso al término de la lectura y que al volver a él nos apuntale definitivamente hacia la resolución del cuento. Ya comentamos en el artículo anterior más sobre este importante recurso.

Personajes

Al margen de que tengamos mayor libertad para contar con personajes nada arquetípicos e incluso con características que vayan de lo peculiar a lo insólito o lo fantástico, podemos llegar a privarles de la más elemental caracterización reduciéndolos a un nombre o incluso a una letra. También podemos usar animales u objetos inanimados y darle un tratamiento plenamente humano, para, apoyándonos en ese particular punto de vista, desde esa ineludible distorsión, narrar algo único e inesperado.

Extrañamiento

Esto, que es más bien un efecto, se puede considerar el corazón mismo de todo cuento literario o relato que se precie, y se puede lograr de múltiples formas, como por la ya mencionada posible subversión de cualquier regla, o al extremar o extirpar cualquier característica usualmente presente en este tipo de narraciones. Algunas ideas más concretas:

  • Jugando con la estructura, presentándola por ejemplo de forma desordenada, en sentido inverso, o con profundas elipsis; todas ellas fórmulas que necesitan del lector para recomponer la linealidad y abordar así su completo entendimiento.
  • Un cuento contado en sentido inverso.
  • Usar determinados efectos fonéticos o semánticos para sobrecargar (aliteración, repetición de palabras o conceptos a través de sinonimia), o mediante la sustracción de elementos (como un lipograma).
  • Escribir con un tiempo verbal inusual (como el condicional) o con un narrador poco usual (segunda persona).
  • Utilizar asociaciones de palabras impropias que nos produzcan sensaciones novedosas.
  • Repeticiones eficaces.
  • Apoyarse en una idea absurda como indicamos antes, pero aprovecharla para crear una narrativa peculiar y propia a ese único texto como en Instrucciones para subir una escalera también de Cortázar.

Las posibilidades son tantas como la imaginación misma directamente afectada por las ganas de aventurarse.

El cuento puede ser mucho más de lo que se piensa que es y de lo que en muchos casos (los escritores noveles) le dejan ser. No es un simple relato de hechos, no es un resumen de acontecimientos banales, no es una novela chiquitita o resumida; es una oportunidad para crear una ruptura, para anodadar, embelesar, conquistar al lector gracias a una mecánica interna o reglas propias, singulares e intransferibles.  Sed valientes para poner en tinta lo inefable, lo extravagante o lo perturbador, y recordad esta frase maravillosa de José María Merino: la literatura ha de hacer crónica de lo extraño.

Si tienes algo que añadir o alguna pregunta, no dudes en dejarla abajo en los comentarios. Si te ha gustado el artículo puedes valorarlo o compartirlo. Sería de agradecer 🙂

Consulta también:
Taller de Escritores de Granada
Felicidad Clandestina – Podcast de literatura y cultura por César Requesens
Máster propio en Creación Literaria (UGR)

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✅ En este artículo quiero ilustrar la potencialidad del cuento más allá de las ideas preconcebidas que veo en muchos alumnos de los talleres de escritura. ✅
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